Puedo hacer temblar tu quietud de siglos,
como aquel día único cuando nacimos
y nuestros intentos fueron voz.
Pero me quedo en nada.
Puedo leer tus secretos,
secretos acomodados de vidas pasadas,
y suavemente ponerlos ante tus ojos.
Pero mi magia desaparece.
Puedo ser la fuerza que va y viene,
como las olas del mar,
perfecta verdad que haces tuya.
Pero desfallezco.
Puedo verte sin que me veas,
en luz y sombra
así, silenciosa e incondicional.
Pero me pierdo como una niña,
como cuando fui trasplantada,
en profunda soledad.
Atardecer ...
Porque cada atardecer es una pequeña muerte...
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